LA VANGUARDIA, 7/6/2002

UN PRESO DE BRIANS, EN FASE TERMINAL TRAS UNA HUELGA DE HAMBRE CONTRA LA FALTA DE PERMISOS

 

 

TRIBUNALES

Un recluso que acaba condena en noviembre lleva hasta el fin una huelga de hambre contra los expedientes que le vetan el tercer grado carcelario.

Ante los expedientes que le vetaron el tercer grado el preso “decidió que iba a salir como fuese”, dice su abogada.

IGNACIO DE OROVIO

BARCELONA

Un preso de la cárcel barcelonesa de Brians, Albert Panadés Soler, está ingresado en fase terminal en el Hospital Penitenciari de Terrassa tras haber pasado una huelga de hambre en protesta por tres negativas a lo largo de los últimos diez meses a lograr permisos penitenciarios y la libertad condicional. El preso saldría en libertad el 19 de noviembre de este año, tras cumplir una condena de ocho años en presidio por dos robos.

El recluso inició una huelga de hambre en abril al conocer que, por tercera vez, se le había negado la posibilidad de acceder al tercer grado (sólo dormir en la cárcel) y a gozar de permisos. La primera negativa la tuvo en agosto del año pasado, cuando le faltaba algo más de un año para cumplir la condena y salir en libertad; la segunda, en diciembre. Panadés ha estado tres veces a una firma de obtener dichos beneficios penitenciarios, cuando la junta de tratamiento estaba a punto de concedérselos se ha abierto un expediente que ha frenado su salida de Brians.

El preso, de 45 años de edad, ha explicado a sus familiares y allegados que las rencillas con determinados funcionarios de módulo 5 de Brians a partir de junio de 2001 han sido la causa de dichos expedientes y el frenazo a su tercer grado y a tener nuevos permisos. Personas de este círculo y su abogada, Núria Sastre, explican que a Panadés –que ha seguido tratamientos contra toxicomanías- se le acusó de intentar manipular la orina de un análisis y se le abrió por ello un expediente, que a la postre frenó uno de los permisos. Si un análisis dice que un preso es consumidor de droga, el permiso se le deniega; en cualquier caso, dio negativo, pero el expediente ya estaba abierto. Las mismas fuentes constataron que -en los últimos meses- la celda de Panadés era revisada a las “horas más intempestivas” en busca de drogas o “cualquier otra cosa que le comprometiese”. Tras la segunda negativa a concederle permisos, Panadés denunció los hechos ante el juzgado de primera instancia y instrucción de Martorell.

“Nos da la impresión de que decidió que iba a salir como fuese -opina la abogada-, pero no lo comunicó a nadie y empezó una huelga de hambre severísima”. La salud del interno -debilitada por su adicción, según una persona de su entorno- empeoró rápidamente y hace un mes ingresó en el Hospital Penitenciari. Tras una mejoría recayó y ayer estaba “crítico”, según Sastre.

Fuentes del Departament de Justicia confirmaron ayer la situación del interno -sin poder dar una versión de las causas de la huelga de hambre- y señalaron que Serveis Penitenciaris está buscando plaza en algún hospital cerca de su domicilio. De hecho, Justicia ha autorizado la presencia de familiares durante la 24 horas cerca del preso, algo inusual en un hospital penitenciario. El caso no acaba ahí. El 30 de abril, ante el empeoramiento de la salud de Panadés. Justicia le concedió “por razones humanitarias” el anhelado tercer grado. Pero la Fiscalía se opuso, entre otras razones, porque la concesión no respondía -según dijo en un recurso ante el juzgado de vigilancia penitenciaria- a una evolución positiva debida a su estancia en presidio.

 




LA VANGUARDIA, 8/6/ 2002

MUERE EL PRESO QUE DEJÓ DE COMER PARA PEDIR EL TERCER GRADO

 

TRIBUNALES

Albert Panadés Soler, de 45 años, inició una huelga de hambre para poder sólo dormir en la cárcel, aunque a Justicia no le consta que la hiciese.

El preso cumplía condena en noviembre, tras una condena de 8 años, pero no soportó que le denegasen tres veces el tercer grado.

IGNACIO DE OROBIO

BARCELONA

El preso Albert Panadés Soler, de 45 años, que estaba ingresado en el Hospital Penitenciari de Terrassa tras haber mantenido una huelga de hambre en protesta porque no le concedían el tercer grado penitenciario, murió a las 4.30 de la madrugada de ayer. Panadés cumplía condena el 19 de noviembre de este año tras ocho años en presidio, pero en las últimas semanas ha estado ingresado en ese hospital al debilitarse irremediablemente su estado de salud -que ya era precario a causa de enfermedades vinculadas a su adicción a las drogas- por una huelga de hambre.

La Coordinadora Contra la Marginació de Cornellà (CCMC), que trabaja con presos en fase de reinserción y que ha seguido muy de cerca el caso, mostró ayer su “desolación” por el desenlace. Ayer estudiaban acciones de denuncia del asunto.

Fuentes de esa entidad subrayaron que la decisión de Panadés de no alimentarse se debió a las tres negativas a darle el tercer grado penitenciario, en agosto y en diciembre del año pasado y en abril de este mismo año. Esta clasificación le habría permitido sólo dormir el la cárcel. Los frenazos a darle esa categoría se debieron, coinciden la CCMC y su abogada, Núria Sastre, a las mismas relaciones que el recluso mantenía con parte del personal de Brians. Justicia alegó que el preso, que ingresó en Brians procedente de la cárcel de Ponent, en Lleida, el 18 de febrero del 2000, sí había dispuesto de permisos en 1999, 2000 y 2001.

Un trabajador del módulo 5 de esta cárcel, donde estaba ingresado Panadés, aseguró ayer a este diario que las negativas a darle dicho grado están “plenamente justificadas” por el consumo de droga del recluso, probado con análisis.

Fuentes de Justicia, por su lado, aseguraron ayer no tener “constancia” de la huelga de hambre, después que el día anterior habían admitido lo contrario. Fuentes de la CCMC señalaron que Panadés no anunció su huelga, como hacen otros reclusos (en el año 2002, 280 internos en las cárceles catalanas se declararon en huelga de hambre) sino que simplemente la inició. “Estaba al límite, decidió dejar de comer y en pocos días estaba grave”, explicó una responsable de la coordinadora. La entidad, en un comunicado emitido anoche, dijo que el final de Albert Panadés ha estado provocado “por la tensión en que muchas veces se encuentran las personas en la cárcel”. La coordinadora pide “medidas urgentes” para que los presos no sufran el “desamparo” en que muchas veces se encuentran.

Justicia detalló ayer que funcionarios de prisiones se percataron el 16 de abril pasado del débil estado de salud de Panadés y lo trasladaron a la enfermería de Brians. De ahí fue llevado urgentemente al Hospital Penitenciari de Terrassa, de donde no ha salido. Justicia señaló que por respeto a la intimidad del preso no puede concretar las enfermedades que padecía.